Son las 10:40 pm del 30 de Marzo del 2019
Encontré una caja llena de tus juguetes en el ático donde siempre guardaste los trofeos que ganaste.
Aún recuerdo esos días donde tu sonrisa brillaba mas que esa estúpida y fría vasija de porcelana con un diseño muy raro por fuera. Encontré tus viejos zapatos negros con los cuales fuiste a mi graduación, mientras replicabas y decías que la corbata te incomodaba, aún podía sentir tu perfume en la playera que te pusiste cuando me llevaste a conocer la ciudad principal por la noche, esa noche donde caminamos por los puentes cerca al mar y podíamos escuchar la violencia de la oleada marina, como si de rugidos de leones se trataran; aún recuerdo la maldita lluvia que nos mojo a ambos y nos obligo a correr a la parada de autobuses. Tuvieron que pasar 10 años para volver a pasar por esas calles, pero, yo te guiaba, así como tu lo hiciste aquel día que me tomaste de la mano y no me soltaste, mientras decías que tuviera cuidado.
Como si de un niño se tratará, tuve que esperarte cuando te cansabas, y me partía el alma que en algunos tramos te olvidabas de mí, y es que no podía aceptar como es que cada día que pasará moría un fragmento de tu mente dejando desaparecer un recuerdo nuestro, no podía asimilar que quizás mañana despiertes y no sepas que yo intento proteger tu integridad, y me veas como un peligro potencial. Es inevitable no sentirme fatal, por pensar que los últimos días que estuviste a mi lado tenía que presentarme para que no puedas olvidarme. Cuando era niño, me hacías recordar que tenía que llevar la lonchera que me preparabas, y ahora yo, como ya no un niño, si no como el adulto que amoldaste a tu gusto, tengo que decirte mi nombre mientras miro tus ojos desgastados, esa mirada vigorosa que perdiste desde hace mucho, junto a esa sonrisa que se murió junto a nuestras esperanzas cuando sabías que un día por la mañana no ibas a saber ni quien eras tú.
Me dio mucha pena saber tu crudo destino, entender que el lazo que nos une se desvanecería poco a poco como el fuego de la chimenea, que ambos terminamos dos días antes de la navidad que compraste fuegos artificiales, es doloroso saber que también de eso te ibas a olvidar.
Estuvimos así 3 meses, días angustiantes, momentos deprimentes, y entonces un viernes por la tarde te sentaste en frente de la chimenea sin decir una sola palabra para comenzar a llorar, intente acercarme, y me alejaste, con un golpe. En ese momento no llore, te observe, aunque tú no me mirabas. Te pusiste de pie, con mucha dificultad, tus piernas temblaban, y comenzaste a tirar los cuadros dentro de la chimenea, mientras gritabas tu nombre; orgulloso, como siempre. Encontraste los cerillos, y los encendiste, los arrojaste y quemaste todo. No entendí porque lo hiciste, hasta que después me miraste y con ese pequeño hilo que nos unía me diste un abrazo, ese que no sueles dar por nada, pero lo hiciste, el abrazo interminable que te merecías. Luego me susurraste al oído, y dijiste con lentitud:
-necesito dormir, estoy muy cansado, hermano.
Te lleve a tu habitación, te recostaste y puse música, me senté a un lado de la cama, mientras sonaba tu canción, HÉROES DEL SILENCIO-HÉROE DE LEYENDA. Esta canción me hace recordar a ti.
Ahora estoy aquí, en el ático, y te entiendo ahora, me siento muy cansado, déjame decirte, que ya no veo bien, y me es muy difícil sostener las cosas, pero al igual que tú, sabia que solo tenía que dejarme abrazar por tu recuerdo, cerrar mis ojos, y dejarme llevar por tu perfume, que huele a muerte pero con un descanso que ambos nos merecemos.
~Chepita~

Buena
ResponderEliminarGracias
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